Por Andrés Brito

Plaza de Santo Domingo
Plaza de Santo Domingo a un costado el edificio del Santo Oficio

La Santa Inquisición es una de las instituciones que más marcaron la historia de México en el tema de la religión, y, aunque no hay seguridad plena del número de personas que murieron a mano de tribunales que desahogaban los juicios y ejecutaban las sentencias se habla de entre 50 y 300, pero ¿en verdad desapareció el Santo Oficio?

Entre los principales delitos que perseguía el Santo Tribunal Electoral… (perdón, sólo Santo Tribunal) destacaban la herejía, idolatría, prácticas de magia o hechicería, así como otros “delitos menores”, transgresiones que al parecer siguen siendo parte de las actividades merecedoras de los más crueles y despiadados castigos, pero en honor a la verdad debemos reconocer que en ocasiones merecen, extrañamente, la santa absolución.

Santo Oficio
Sesión del Santo Oficio

En la actualidad abundan quienes cuestionan y persiguen la herejía, sobre todo la de quienes mantienen una posición contraria a los principios y reglas establecidos y aceptados en cualquier cuestión, ciencia, arte, etc., sobre todo cuando entre esos “etcéteras” destaca el partido en el poder.

La idolatría igualmente sigue siendo penada, más cuando se rinde culto a un ídolo, en especial cuando ese “ídolo” es dirigente de un partido de oposición, pero lo más extraño es que existen instituciones que la sancionan con mayor rigor cuando “no se rinde culto al ídolo”, sobre todo si se trata del “mesías”. En tal caso, los inculpados no son quemados en la hoguera ni azotados, pero sí señalados por el dedo flamígero del “ej un compló en mi contra”.

Durante la Colonia, época en la que la Santa Inquisición tenía más poder que el Instituto Novohispánico Electoral (INE), a los acusados de “hechicería”, es decir aquellos que lograban inseminar las urnas sin la intervención de un votante masculino (ni femenino) se les sentenciaba a la vergüenza pública para que se arrepintieran de sus errores, pero muchas veces esa “vergüenza pública” eran tan ridícula e ineficaz como las actuales consecuencias de ser exhibido en las redes sociales recibiendo dinero “sin la autorización de los grandes jerarcas”.

Cédula
Cédula contra el tabaquismo

De igual modo, a los procesados por prácticas prohibidas, como el trapecismo político-partidario, se les colgaba un “sambenito”, un letrero con el nombre y la pena de los castigados por el INE que los sentenciados debía llevar toda su vida, pero en ocasiones los sacos bendecidos que debían vestir servían para que los apóstatas (personas que abandonaban sus ideales o partidos originarios para afiliarse a otros en búsqueda de candidaturas) siguieran su camino por la vida, las cámaras de Senadores o de Diputados, gubernaturas u otros cargos con ropa blindada que los protegía de las críticas en su contra.

Los acusados por los siempre impolutos defensores de la fe solían ser condenados a recibir azotes o huevazos en actos públicos ante la presencia de sus seguidores, es decir “loj que no eran parte de la mafia del poder”. En ocasiones algunas mujeres eran obligadas a aceptar responsabilidades para que, en caso de ganar, entregasen los puestos más importantes a familiares de quienes imponían las sanciones (es decir las candidaturas).

Las prácticas de magia también eran impíamente castigadas, pero sólo cuando iban contra el Santo de la Devoción: en el muy improbable caso (no se ha registrado siquiera una acusación) de la magia de encontrar más votos que votantes en favor del Santo Patrono se imponía el voto de silencio.

Otros castigos aplicados a “infracciones menores” eran el destierro temporal para que los inculpados (o sus familiares) pudieran disfrutar de lo “ganado con el sudor del de enfrente” mientras la memoria del pueblo se ocupaba de los resultados del Juego de Pelota antes que de los resultados electorales.

También se imponían cuantiosas multas que, en el mejor de los casos, eran pagadas con la misma divisa, es decir “con el sudor del de enfrente”.

Un reciente estudio elaborado por la Real y Pontificia Universidad de la Nueva Democracia asegura que los indígenas no podían ser objeto de la acción de la Santa Inquisición, pero está demostrado que era ese sector el que más sufría las vejaciones, que incluso eran aplicadas desde antes que cometieran del pecado de votar (por quien fuera): eran obligados a servir en alguna organización o evento político, en los que luego de ser transportados en condiciones infrahumanas, eran obligados a comer “frijol con gorgojo”.

Hasta ahora ha sido imposible precisar la fecha en que fue abolido el Tribunal de la Santa Inquisición, lo que resulta del todo entendible porque el Santo Oficio nunca desapareció: sigue vigente, aunque su actuar no siempre sea visible y a que ha cambiado de nombre, pero recordemos aquello de “ej la mijma gata, pero revolcada”.

El Santo Oficio oficialmente desapareció del mapa de la historia de nuestro país, pero existen elementos para evaluar que por las tierras conquistadas en el Nuevo Mundo aún vaga el fantasma del santo Orificio Legal.