Oscar René González

La confrontación es el elemento que ha dado carácter a la evolución humana a través de la historia y desde luego que en cada evento hay dos culturas en choque, ya sea desde la más antigua lucha del hombre mismo contra la naturaleza, hasta la imposición violenta de una cultura sobre otra.

Sansón Luchando contra el léon, son representaciones de este dominio del hombre sobre la naturaleza, ambos héroes luchan contra una fuerza salvaje, indomable, un espíritu violento que solo tiene dos destinos posibles: la domesticación que le incorpora a las fuerzas productivas del orden civilizador o la muerte y con ello la extinción o el exterminio.

 

En cada ocasión el ser humano sale vencedor de esta lucha, pero hay en su interior un temor profundo a mirarse en el reflejo del agua, quizá existan otras formas de entender el mundo y ahora el temor a que un hombre salvaje vuelva por lo suyo lo inquieta profundamente.

El hombre occidental ha cruzado la mar océano (como recitan los decimeros jarochos) se ha visto en ese espejo, como consecuencia entra en la comprensión de no estar solo en el mundo y que la cultura tampoco es solo la concebida por los griegos, sino que hay mucho más allende el sol, a eso solo se le puede nombrar como “lo salvaje”.

Hacer de lo salvaje algo civilizado es el reto de otro tipo de hombre aquel que ha aprendido a convivir y coexistir con los lobos domesticandolos pero sobre todo integrandolos a un todo social, no sin librar las mas cruentas batallas entre juicios heréticos e invasiones que culminaron en genocidios.

Surge una nueva forma de entender al otro, desde su propia lengua, sus costumbres y todo aquello que le acontece, dando cuenta de su medio ambiente, del como surge desde la oscuridad del momento de la creación.

No es el tiempo de la destrucción sino el de la protección y conservación a lo que otra sociedad llamará patrimonio cultural.

El Salterio Macclesfield
El Salterio Macclesfield una representación del hombre salvaje frente al hombre civilizado

“Patrimonio Cultural es todo aquel patrimonio que debe salvaguardarse y consiste en el reconocimiento de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas transmitidos de generación en generación y que infunden a las comunidades y a los grupos un sentimiento de identidad y continuidad, contribuyendo así a promover el respeto a la diversidad cultural y la creatividad humana”

Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial 2003.

No existe un oficio de defensor de la cultura del “otro” sin comprender a quien le servimos ya sea bajo la mirada evangelizadora que halló coincidencias importantes entre la sociedad mexica y el dogma cristiano católico del siglo XVI o el establecimiento de una política criolla que urgía la construcción de la identidad para una nación bajo los ideales masónicos imperantes en ese momento.

Peter Van Der Moere, medio hermano de Carlos V, fue el primero por proteger la integridad de las personas y su conocimiento en las tierras recién conquistadas, apelando a la relación tan cercana con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Andrés de Olmos, participó en la fundación del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco en 1533. Maestro de Fray Bernardino de Sahagún inculcó en los franciscanos la necesidad de conocer y preservar el conocimiento de los pueblos originarios en los nuevos territorios, después de todo su objetivo era “llevar el evangelio a toda criatura”.

Un caso digno de ser observado es el que tiene que ver con la piedra del sol o calendario azteca.

Según testimonios orales recopilados por Fray Diego Durán en su “Historia de las Indias de Nueva España”, 42 años antes de la caída de Tenochtitlán, se empezó a tallar la piedra por instrucciones de Axayácatl.

En 1521 Hernán Cortés mandó quitar los ídolos paganos y durante los siguientes 38 años, el calendario permaneció a la intemperie a un costado de la Plaza Mayor, hoy el Zócalo, pero en 1559, se cerraba un ciclo azteca de 52 años por lo que los españoles, temiendo que se reavivaran los ritos paganos, mandaron enterrar la piedra con la parte labrada hacia abajo.

Antonio de León y Gama relató su redescubrimiento el 17 de Noviembre de 1790. La Piedra del Sol se entregó a los responsables de catedral en forma temporal y seis meses después en agosto de 1791 el virrey Revillagigedo decretó se tomarán las medidas necesarias para garantizar su perpetua conservación como parte de los “monumentos preciosos que manifiestan las luces que ilustraban a la nación indiana en los momentos anteriores a su conquista”.

Sin embargo buscar la preservación de dicha obra llevaba claramente la intención de construir los elementos simbólicos que vendrían a construir la nación que habría de surgir tras los acuerdos independentistas.

Recordemos que José Vicente de Güemes Conde de Revillagigedo facilitaba el acceso a los miembros de la masonería que llegaron en 1790 provenientes de francia, tal como coinciden diferentes fuentes.

No es casualidad que las logias masónicas mexicanas como la creada por Manuel Codorniu Ferrara y denominada “Logia de El Sol”, la cual estuvo vinculada directamente con la Compañía Lancasteriana que fundó fundó tres escuelas: “El sol” (1822), “Filantropía” (1823), y la “Escuela para niños” (1833) y el medio conocido como “El sol” que fue el órgano oficial del grupo masónico, ya mantuvieran elementos locales, entre ellos la piedra del Sol.

En en 1825, nace un rito de corte nacionalista denominado “Rito Nacional Mexicano”, cuyos integrantes pretendían la creación de un modelo político y de gobierno propio de la idiosincrasia del mexicano.

No es casualidad que el único momento en que la masonería mexicana estuvo bajo una sola autoridad fue entre 1890 y 1901, cuando el presidente Porfirio Díaz logra unificar los distintos ritos.

El patrimonio cultural de un pueblo determinado es finalmente un conjunto de actividades que le dan identidad y que cada día se van viviendo y reproduciendo por medio de la práctica orgánica, cotidiana y en la mayoría de los casos inconsciente.

El concepto en lengua inglesa es “heritage”, mas cercano a herencia que a patrimonio como tal, de ahí que quienes defienden su “herencia” son los mismos habitantes de una comunidad determinada.

Cuando se ve la necesidad de crear una “política pública” que defienda esa herencia seguramente estamos ante el caso de una situación de dominación donde un sistema económico y político están buscando someter a un sistema de creencias que incluye su soberanía y autonomía.

Cuando una cultura decide tomar bajo sus propias reglas la defensa de ese conjunto de actividades definiendolas ya sea como “usos y costumbres”, o como “tradiciones”, entonces se convierte en el enemigo del estado que esta proponiendo la creación de una política de defensa del denominado “patrimonio cultural”.

Falsa danza ceremonial mexica, montada para poder obtener el record guiness

Cuando integramos el concepto de “inmaterial”, la cuestión se complica muchos grados más aún, ya que las prácticas sociales que dan identidad a los pueblos pueden variar tanto (como es el caso las variantes lingüísticas de una misma lengua o la práctica de un mismo ritual en diferentes comunidades de una misma cultura) que pueden llegar a ser irreconocibles.

¿quién es pues, el portador de la tradición, el que verdaderamente conoce “el costumbre”?, ¿es el “estado” el portador de toda autoridad para reglamentar cualquier práctica cultural?.

La patrimonialización en tanto proceso político es definitivamente un problema de políticas públicas iniciado por actores con intereses claramente determinados por los ámbito propios de su acción política y desde luego con fines económicos.

Kultur∆Teka 4.0 en esta ocasión retoma el caso del Albarradón de Acolhuacán, reproduce un texto publicado en internet sobre la certificación de danza ritual azteca, desconociendo el verdadero origen y práctica del ritual de la Santa Cuenta, narra los sentimientos de quienes representan “la pasión” en Ecatepec y se suma a la defensa del patrimonio cultural de los pueblos originarios.